• Hugo Marroquin

Reencuentros con la CDMX: ¿hubo un Bing Bong?

Hace casi seis años que me fui. Otra hoja de ruta había dibujado, con esa arrogancia con la que a veces delineamos los caminos del futuro.


¿Arrogancia o ingenuo llamado desesperado a la esperanza de tener un futuro?


«Los caminos de la vida, no son como yo esperaba, no son como los imaginaba, no son lo que yo creía…» dice la canción y cada tanto la melodía golpea entre mis recuerdos, o mejor dicho, cada tanto un Bing Bong que rechaza dar su vida lanza un recuerdo al centro de mando con esa canción.


No solo aquella hoja de ruta no sucedió, sino que han pasado ya varias versiones. Y es inevitable, ya no por arrogancia ni fantasiosa necesidad, sino por el vicio personalísimo de entender el presente marcando una frontera con el pasado y el futuro, un ejercicio continuo de reflexión sobre el hoy.


Pero la inagotable y cada día renovada pandemia hace de ese mero quehacer mental un reto mayúsculo al sugerir que Bing Bong quizás sí se esfumó y es otro quien lanza esos recuerdos al centro de mando.

Sin frecuencia establecida ni temporalidad definida regreso a la CDMX, que es el lugar que me vio crecer y me ungió con su identidad. Un orgulloso chihuahuense orgulloso de esta mi ciudad. Mía, aún con los días de ausencia y lejanía.


Ayer muy temprano caminé al Zócalo. Había una pirámide en la plaza, renovada, reinventada y tímidamente majestuosa. Y pensé en todas las hojas de ruta que quizás aún no logramos descifrar en el calendario azteca. Y Bing Bong, u otro, lanzó el recuerdo de una melodía. Y recordé mi hogar en Bogotá. Y mi hermano apareció por la calle de Moneda, esa que se ilumina con los amaneceres de color esperanza. Y sonreí. Porque ninguna hoja de ruta escrita por mí me llevó a ese lugar. Fue simplemente una decisión repentina, la magia de los inesperados devenires, la fortuna y privilegio de los que hoy podemos volver a un lugar y contar intactos a nuestros afectos.


Igual ansío volver a mi hogar andino, allá en la falda de los cerros orientales, donde el país se despoja de su intrincada geografía serrana para dar paso a los llanos y a la selva. Y ahí, frente a la emancipación del futuro pensaré en lo inútil de pretender hacer una hoja de ruta… y aún, frente a tanta exuberancia, tanto verde, tanta vida, habré de encontrar el tiempo día a día para seguirla imaginando, dibujando, escribiendo y en gerundio, andando.

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