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  • Foto del escritorHugo Marroquin

Wajdi Mouawad escribe a su hijo

Lo conocí cuando escuché que hablaban de ese fenómeno teatral que era Incendios en mis años trabajando en el Festival de México en el Centro Histórico, y antes de poder conseguir boletos —siempre agotados—, vi la película de Denis Villeneuve basada en esta obra.


Lo que sigue después es la historia propia de un fan que se somete a perseguir todo aquello que esa mente ha emanado. Sí, soy un fan de Wajdi Mouawad y siempre espero saber, ver, leer algo más de él porque lo que he vivido con su trabajo es extraordinario.


Este texto fue publicado en 2020, como tanto de él, me ha encantado y me propuse en ofrecer una traducción del mismo al español buscando lograr la mayor cercanía para quien no habla el francés y ser un texto que probablemente no vería luz en otro idioma.


La publicación original está en Radio France, cuenta con una narración en audio (en francés) que vale mucho la pena escuchar: https://www.radiofrance.fr/franceinter/podcasts/lettres-d-interieur/donne-du-courage-autour-de-toi-et-n-accepte-jamais-ce-qui-te-revulse-wajdi-mouawad-3233348


[Traducción literaria libre al español (sin traductores ni inteligencias artificiales) - texto original en francés más abajo]

Nogent-sur-Marne a 12 de abirl de 2020


Mi querido niño;


Sólo escribirte estas tres palabras me estremece. Hacen real al hombre que ahora eres, en este presente al que perteneces, pues en este que es el mío, tú eres aún sólo un niño.


Dirijo entonces esta carta al hombre que aún no existe para mí, pero en el cual te has convertido dado que ya la estás leyendo. Sin duda el azar te ha hecho encontrarla en este dispositivo donde guardo celosamente los tesoros de tu infancia. No sé que edad tienes, no sé qué fue del mundo, no sé ni siquiera si estos dispositivos aún funcionan pero confío en que al encontrarlo, tendrás cómo descubrir lo que guarda.


Gracias a la magia de la escritura esta carta se convierte en un delgado muro que ahora nos une, que entre el presente desde el cual yo te escribo –tú apenas comienzas a descifrar las frases, aún tienes miedo de la oscuridad, aún crees en la magia– y en el que tú me lees, cada palabra de esta carta ha mantenido su trascendencia; si en este momento escribo te amo, mira cómo tantos años después, tú lees: te amo. ¿Y qué otra cosa debo de escribirte sino “te amo”, cuando vivimos lo que vivimos en este confinamiento del cual probablemente sólo tengas un vago recuerdo? ¿Hay algo más urgente por decir que no sea el amor?


En estos días extraños en que acecha una muerte invisible y el mundo camina hacia su precipicio, un precipicio que parece ser la herencia que quedará para tu generación, un padre, más allá de lo razonable, se preocupa por su hijo. Te miro. Dibujas un caracol. Levantas la cabeza y me sonríes. “¿Qué te pasa, papá?” Nada, mi niño.


No he de salvar al mundo. Y aunque ni siquiera intente salvarlo, puedo al menos desaprenderte el miedo. Ayudarte a no dudar, llegado el día, cuando debas escoger entre tener valentía o tener una lavadora. Enseñarte sobretodo porqué jamás hay que repetir las palabras de Caín, por el contrario, que siempre veas por el bien de tu hermano. No temas arriesgarte. No sé dónde me lees, tampoco lo que estás viviendo, si vives en guerra o vives en paz, si dominan los humanos o dominan las máquinas, simplemente espero que tu presente sea mejor que el mío. Hoy día morimos en vida con la efusividad embriagante prohibida: sin abrazos, sin estrujarnos, sin compartir y sin poder siquiera limpiarle las lágrimas a un amigo.


Pero si lo que vives es peor que tu propia infancia, si en este momento en que me lees, te ha tocado vivir el temor de hoy, quisiera que encuentres en esta carta el valor que a veces a mí me faltó; cuando pienses en todo lo que hayamos podido hablar, recuerda cómo la bondad es la normalidad del mundo, porque la bondad es valentía, la bondad es generosidad, jamás opera como una emboscada, que se alimenta de la sangre de los sometidos. Nadie puede explicar la grandeza de aquellos que son la verdadera riqueza de este mundo. Sé generoso con tu entorno y jamás aceptes algo que consideres repugnante.


En cuanto a mí: te amo. Tu padre te ama. Ten plena certeza de ello.


Tu padre.


Wajdi Mouawad



[Redacción original en francés]


Nogent-sur-Marne, le 12 avril 2020


Mon cher petit garçon, 


T’écrire ces quatre mots me bouleverse. Ils rendent si réel l’homme que tu es, en cet aujourd’hui qui est le tien, quand, dans celui qui est le mien, tu n’es encore qu’un enfant. 


Cette lettre je l’adresse donc à l’homme que tu n’es pas encore pour moi, mais que tu es devenu puisque te voilà en train de la lire. Tu l’auras trouvée sans doute par hasard sur cette clé où je consigne en secret les trésors de ton enfance. J’ignore l’âge que tu as, j’ignore ce qu’est devenu le monde, j’ignore même si ces clefs fonctionnent encore mais j’ai espoir que, la découvrant, tu trouveras un moyen de l’ouvrir. 


Et par la magie de l’écriture, voici que cette lettre devient la fine paroi qui nous relie, et entre l’aujourd’hui où je t’écris - où tu commences à déchiffrer les phrases, où tu as peur dans le noir, où tu crois à la magie - et celui où tu me lis, chaque mot de ma lettre a gardé sa présence ; si à l’instant j’écris je t’aime, voilà qu’à ton tour, des années plus tard, tu lis je t’aime. Et que t’écrire d’autre que je t’aime, alors que nous vivons ce que nous vivons en ce confinement dont tu n’as peut-être plus qu’un vague souvenir ? Quoi dire de plus urgent que l’amour ? 


En ces journées étranges où rode une mort invisible et où le monde va vers son ravin, un ravin qui semble être l’héritage laissés aux gens de ta génération, un père, plus que de raison, s’inquiète pour son fils. Je te regarde. Tu dessines un escargot. Tu lèves la tête et tu me souris. "Qu’est-ce qu’il y a papa ?" Rien mon garçon. 


Je ne sauverai pas le monde. Mais j’ai beau ne pas le sauver, je peux du moins te désapprendre la peur. T’aider à ne pas hésiter le jour où il te faudra choisir entre avoir du courage ou avoir une machine à laver. T’apprendre surtout pourquoi il ne faudra jamais prononcer les mots de Cain et, toujours, rester le gardien de ton frère. Quitte à tout perdre. J’ignore d’où tu me lis, ni de quel temps, temps de paix ou temps de guerre, temps des humains ou temps des machines, j’espère simplement que ton présent est meilleur que le mien. Nous nous enterrons vivants en nous privant des gestes de l’ivresse : embrassades, accolades, partage et nul ne peut sécher les larmes d’un ami. 


Mais si ton temps est pire que celui de ton enfance, si, en ce moment où tu me lis, tu es dans la crainte à ton tour, je voudrais par cette lettre te donner un peu de ce courage dont parfois j’ai manqué et, repensant à ce que nous nous sommes si souvent racontés, tu te souviennes que c’est la bonté qui est la normalité du monde car la bonté est courageuse, la bonté est généreuse et jamais elle ne consent à être comme une embusquée, qui, à l’arrière vit grâce aux sang des autres. Nul ne peut expliquer la grandeur de ceux qui font la richesse du monde. Donne du courage autour de toi et n’accepte jamais ce qui te révulse. 


Quant à moi : je t’aime. Ton père t’aime. Sache cela et n’en doute jamais. 


Ton père".


Wajdi Mouawad

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